
¿Por qué utilizamos reflectores de oro para el curado de semiconductores sin plomo? Seamos honestos: los hornos de convección ya parecen cosas del pasado. En el mundo de los semiconductores, estamos pasando a sistemas de infrarrojos de onda corta. Y hay una buena razón para ello. La búsqueda de procesos de fabricación “sin plomo” y ecológicos no es solo una tendencia; es el nuevo estándar. Pero aquí está el problema: cuando pasamos a usar soldaduras sin plomo, todo se vuelve más complicado. Hay que lidiar con puntos de fusión más altos y un rango térmico muy estrecho. Hay muy poco margen para errores. ¿Por qué el oro? Puede preguntarse por qué nos molestamos en usar reflectores recubiertos de oro. Parece algo sofisticado, pero en realidad se trata de eficiencia pura. El oro refleja la radiación infrarroja en más del 95% de los casos. Comparado con el aluminio convencional, que absorbe demasiada energía, el uso del oro asegura que el calor llegue exactamente donde debe ir: directamente a la oblea o a la PCB. Así, el calor no afecta al chasis de la máquina, sino que se dirige directamente al sustrato. Es rápido… realmente rápido. Hacer que los procesos sin plomo funcionen El mayor problema con el curado de semiconductores sin plomo es el tiempo necesario para alcanzar la temperatura adecuada. Si no se logra calentar rápidamente los componentes, estos pueden deformarse. Las lámparas de infrarrojos resuelven este problema, ya que utilizan radiación en lugar de aire caliente. Esto es una gran ventaja para los entornos de sala limpia, ya que no se dispersa aire contaminado por toda la zona de trabajo. Además, es una forma más “ecológica” de trabajar. No hay necesidad de solventes que contengan VOC, ni de ventiladores que consuman mucha energía. Y el tiempo de espera… desaparece. En lugar de esperar una hora mientras el horno se calienta, una lámpara de infrarrojos alcanza la temperatura deseada en segundos. La realidad No todo es magia. Las lámparas de infrarrojos de alta intensidad generan una gran cantidad de calor. Si su sistema de refrigeración no es adecuado, tendrá problemas. Puede sobrecalentar los conectores de las lámparas o dañar los componentes electrónicos si el flujo de aire no está bien regulado. Es preciso equilibrar la potencia de las lámparas con la capacidad de refrigeración del sistema. Si lo hace mal, las lámparas se quemarán mucho antes de tiempo. También existe el problema de los “puntos calientes”. La radiación directa es muy potente, pero si las lámparas no están colocadas correctamente, algunas partes de la placa se calentarán excesivamente, mientras que otras permanecerán frías. Por eso apostamos por usar soportes de montaje precisos. Así, el foco de calor permanece estable en toda la superficie, evitando así daños en los componentes.